Quién  no ha utilizado alguna vez la metáfora del huevo frito o la de la cámara de cine para explicar los pasados, quién no ha jugado alguna vez al “si fuera” para practicar la condicionales o determinado vocabulario … Las metáforas siempre están presentes en nuestras clases , unas veces para ayudarnos a dar luz sobre cuestiones complejas y otras como elemento de práctica más o menos lúdico.

Pero más allá de esas metáforas creativas y didácticas, están las que Lakoff y Johnson (1986)[1] llaman metáforas fosilizadas,

es decir aquellas imágenes surgidas en un momento histórico , con tanto éxito que han terminado asentadas indisolublemente a la lengua y sus categorizaciones, de tal forma que incluso a los nativos, nos cuesta identificarlas en ocasiones.

Podemos encontrar muchas ventajas en hacer visibles a nuestro estudiantes estos conceptos:

–       Encuentran en estos esquemas una especie de contenedor para clasificar guardar y        poder recuperar expresiones y unidades léxicas que de otra forma pueden acabar en      un cajón desastre.

  • Les ofrece una perspectiva de uso creativo del lenguaje: estas ideas están ahí para usarlas pero también para manipularlas y , por qué no, para crear nuevas. Las metáforas son seres vivos y están en constante evolución.
  • Les ayuda a comprender nuestra cultura y nuestro modo de ver las cosas: los procesos metafóricos no son meros hechos simbólicos y es evidente que influyen en la percepción que tenemos de lo que nos rodea.

De todo el  imaginario de nuestra lengua, podemos destacar tres metáforas estructurales que pueden resultar especialmente rentables para nuestros estudiantes porque  amplían y cubren un amplio catálogo de estructuras y además están plenamente asentadas en otras lenguas lo que les ayuda a establecer similitudes

  1. El tiempo es espacio. Una de las grandes apuestas de la Gramática Cognitiva tiene sus raíces bien asentadas en una concepción cultural de gran peso: el tiempo es un objeto valioso. Así, hablamos de los próximos meses y de lo lejos que está el verano, trabajamos desde las nueve hasta las seis y hacemos una tarea en un minuto. Como metáfora complementaria a esta, tenemos la idea de que el tiempo es algo físico, por eso nuestro día puede ser duro, las mañanas nos pueden resultar pesadas y las tardes ligeras.
  1. Las ideas son objetos físicos. Tenemos buenas ideas y las damos, se nos meten, nos llenan la cabeza y es difícil sacárselas. A veces las ocultamos o enseñamos nuestras intenciones y las vemos en otros. Es de sobra conocido por todos que conceptos en principio pueden resultar algo abstractos, se simplifican cuando realzamos su dimensión física y esto puedo ocurrir con el campo semántico de los pensamientos y las ideas.
  1. El discurso y las conversaciones son un hilo. Es un concepto que probablemente está asociado a la eclosión de la industria textil: las interacciones son como un tejido, por eso las cortamos, nos liamos en ellas y no nos gusta dejar nada suelto. Muestra del éxito de esta metáfora es su traslación a otros ámbitos: en el terreno sentimental también tenemos un rollo con alguien, nos liamos o cortamos.

 

¿Usas las metáforas en clase? ¿Has utilizado estas alguna vez? ¿Conoces otras?

[1] Lakoff G, Johnson M (2005); Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

Juan de Dios López Rael

Profesor de español y formador de profesores , CLIC IH Sevilla

Licenciado en Filología Hispánica y Máster de ELE por la universidad Pablo de Olavide. Formador de profesores y tutor en línea de los cursos de formacionele.com.

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