El debate acerca de si las estrategias de aprendizaje y comunicación se pueden enseñar o ya vienen “de fábrica” resulta desalentador. Queremos que los alumnos gestionen su propio aprendizaje para convertirse en seres autónomos (Holec et al., 1980) pero la realidad cotidiana del aula de español impone sus restricciones con toda suerte de limitaciones, unas veces impuestas por el contexto educativo y otras derivadas de las creencias de alumnos y profesores acerca de qué es la lengua y cómo se aprende.
En este artículo empezamos el primero de una serie dedicada a la autonomía de aprendizaje de los alumnos. Como bien apunta el Diccionario de términos clave de ELE, mientras la autonomía con la que los seres vivos operamos en nuestra vida cotidiana es inconsciente e involuntaria, la autonomía de aprendizaje es voluntaria, intencional, explícita y analítica, de manera que puede potenciarse en el aula de español.
La anterior infografía que he realizado a modo de acróstico resume las características generales de cualquier aprendiente autónomo. Y digo bien, aprendiente y no aprendiz por lo que conlleva de apropiación de la lengua y del modo de aprenderla (Martín Peris, 2002). De todas las características mencionadas destacaría la “a” de agente y la “a” de autoevalución.
Para que un alumno se convierta en un aprendiente autónomo es fundamental que se convierta en gestor y agente de su propio aprendizaje adoptando un papel activo y protagonista. Si algo caracteriza los nuevos retos a los que se enfrenta la educación para formar a profesionales en las diferentes disciplinas es la formación permanente a lo largo de toda la vida. Se precisan profesionales capaces de actuar con competencia, movilizando todos sus conocimientos, habilidades y actitudes, en las situaciones concretas que se les presentan.
Por otro lado, una verdadera autonomía pasa necesariamente por la capacidad de autoevaluación de los aprendientes acerca de los objetivos, contenidos y procedimientos de aprendizaje. Es decir, un modelo de aprendizaje basado en la experiencia y la reflexión de la misma con intención de mejora (Kolb, 1984)
La pregunta que se nos plantea es: ¿cómo podemos conseguir que los alumnos tomen las riendas de su propio aprendizaje dentro del contexto particular de aprendizaje y enseñanza en el que nos desenvolvamos? Intentaremos dar respuesta a este interrogante en próximo artículos.
Antonio Orta
Responsable del departamento de español de Clic International House Sevilla
Antonio Orta es director del departamento de formación de profesores de Clic International House Sevilla. Licenciado en Filología Hispánica y Doctor en Lenguas Modernas y Español como Lengua Extranjera. Profesor colaborador en programas de posgrado de las universidades Pablo Olavide, Valencia y Barcelona. Coautor de Soy profesor/a. Aprender a enseñar de la editorial Edelsa y de La formación del profesorado de español: innovación y reto de la editorial Difusión.
Si quieres, puedes leer otras contribuciones suyas en este blog.
Muchas gracias, José.
Has abierto dos temas de debate muy interesantes:
¿Las estrategias de aprendizaje se pueden enseñar? / ¿La verdadera evaluación pasa por la autoevaluación?
Lo vemos si te parece en la desconferencia:)
Hola Antonio, muchas gracias por esta entrada y por las que vienen.
Por una parte, tengo la sensación, y quizás no soy el único, de que cuando hablamos de autonomía en el aprendizaje estamos pensando también en los procesos de evaluación y autoevaluación. Esto es algo que me gustaría discutir en las Desconferencias.
Por otro lado, el tema del rol de profesor también me parece interesante. No creo que haya que oponer la autonomía del estudiante a la instrucción por parte del profesor. El profesor, como el estudiante, es parte del aprendizaje y creo que sus intervenciones y explicaciones son necesarias para ayudar al estudiante a, poco a poco, tener más autonomía. Es decir, tenemos que darles las herramientas para que puedan ser autónomos. Por ejemplo, en el caso de la enseñanza de un idioma, aquello que como filólogo hemos estudiado es lo que nos ha servido para dar el salto a la aplicación de nuestra ciencia a la enseñanza de idiomas. Estas herramientas que nosotros tenemos son las que tenemos que transmitir. Para mí la cuestión, por tanto, no está tanto en que el profesor deje de hacer como en que lo que haga tenga como objetivo dar a sus estudiantes las herramientas necesarias para continuar con su aprendizaje.
Bueno, son algunas ideas que dejo por aquí y que espero debatir en Sevilla con todos/as vosotros/as. Un saludo.
Creo que muchos estudiantes están muy acostumbrados a una gran participación e intervención del profesor, a que normalmente les resuelvan las dudas rápìda y directamente y a grandes explicaciones gramaticales y todo esto se asocia normalmente a ser un buen profesor. Pienso que un problema que nos podemos encontrar es la antigua creencia de que sin estas intervenciones y explicaciones constantes el profesor «no hace nada» en clase. ¿Qué pensáis?
Hola Irene.
Efectivamente este es uno d elos frenos principales para otorgar al alumnos mayor responsabilidad y autonomía en su propio aprendizaje. Yo creo que se deben hacer pequeños ensayos que demuestren a alumnos y profesores que, efectivamente, merece la pena por portenciar el aprendizaje.
Hola Antonio,
Me ha parecido un artículo que aclara muy bien el concepto de autonomía en la clase ELE, ya que muchos docentes hemos escuchado sobre el tema pero en pequeñas pinceladas que nos venían de aquí y de alli, pero sin definir nada en concreto. Por eso la idea de r concretar y explicar en la infografía qué es la autonomía , me parece una forma muy clara y excelente de hacerlo, y de este modo reflexionar en la forma de incluirla en nuestra actividad diaria en clase.
Me ha servido mucho.
Me alegro mucho, Mercedes. Es cierto que con frecuencia en el mundillo de la didáctica abusamos de muchas palabras que acaban quedándose vacías de significación. De eso se trataba con estos artículos: de devolver su significado original:O)
Hola José María.
Has dado con un tema central. Los profesores sabemos mucho de lengua pero menos de estrategias de aprendizaje o comunicación. Por eso, creo que es vital dedicar un tiempo con los alumnos a reflexionar cómo resuleven las tareas, qué estrategias movilizan para conseguirlo y, a partir de ahí, vamos conociendo más sobre estos aspectos. Es decir, los alumnos son nuestra principal fuente de aprendizaje:)
Hola Antonio.
Me ha encantado que dediques un artículo (espero que una serie de artículos) a este tema que considero capital. Sabemos que los alumnos, como los niños, deben ser instruidos en el arte de la autonomía. El problema también es para los profesores que no nos sentimos tan seguros en esta materia de «estrategas» y quizás por eso no la abordamos en clase.
Cierto, Cristina.
La verdad es que con alumnos que solo están una o dos semanas en nuestras clases es difícil disponer de tiempo para conseguirlo. Quizás el secreto esté en que cada tarea final que les propongamos ofrezca la posibilidad de revisar con los alumnos: qué han aprendido, cómo lo han conseguido y qué pueden hacer para mejorarlo la próxima vez. Esto no lleva tanto tiempo y siempre les da sensación de control y potenciación de su aprendizaje:)
Muy interesante la propuesta, Antonio.
Hay siempre una disyuntiva didícil de solucionar: el poco tiempo disponible en las clases y la necesidad de que los alumnos reflexionen sobre su propio aprendizaje y los «adiestremos» a ser autónomos…¡Dónde estará la clave!
Estamos de acuerdo en que para que un alumno se convierta en un aprendiente autónomo es fundamental que se convierta en agente de su propio aprendizaje. La toma de decisiones que toma un alumno en el aula es, sin lugar a dudas, resultado de algo que se puede adquirir. Pero, nosotros, como profesores, ¿cómo podemos modificar el hecho de que en muchas ocasiones no exista negociación en el aula? El alumno trae un material a clase que no ha escogido. ¿Cómo podemos crear un bajo nivel de ansiedad si nos encontramos ante alumnos que necesitan ser evaluados cada cierto tiempo y que necesitan una «nota» para «llevarse» a su país? Creo que es necesario definir nuestra labor en clase antes de plantearnos que los alumnos tomen las riendas de su aprendizaje.
Tienes mucha razón, Victoria. Redefinir nuestro papel como docentes al mismo tiempo que motivar a los alumnos para que redefinan el suyo propio no es tarea fácil. Lo que sí tenemos claro es que cuanto más implicados estén los alumnos en su propio aprendizaje, mayor autonomía. Seguiremos reflexionando sobre ello ya que cada contexto de aprendizaje y enseñanza es un microcosmo muy particular:)