En los dos capítulos anteriores de esta serie dedicada al discurso generado en las aulas de español (parte 1 y parte 2) hicimos un repaso del estado de la cuestión para llegar a dos conclusiones básicas:
- Se dedica mayor tiempo a gestionar y realizar las actividades o explicar y preguntar acerca del funcionamiento de la lengua que a actividades comunicativas propiamente.
- Tanto en las dinámicas que se establecen, como en los objetivos de aprendizaje y enseñanza fijados, la producción oral producto de la interacción entre los alumnos y con el profesor es menor que la producción oral dirigida a comprobar la asimilación de dichos objetivos.
Algunas de las recomendaciones para mejorar el habla del profesor y transformarlo en discurso en la clase serían las siguientes:
Tiempo de discurso para ceder la gestión de la clase (TDG)
Tiempo de discurso para enseñar a aprender (TDEA)
Tiempo de discurso para comunicar (TDC)
- Invierte los tiempos dedicados a cada una de las fases de interacción oral en las clases. De ese modo, la mayor dedicación debería residir en las interacciones generadas para permitir que los alumnos realicen actividades comunicativas centradas en las necesidades y los intereses de los alumnos, con el foco en la fluidez y en el contenido genuino. Esto significaría que la mitad de la clase debería estar reservada para ello, dado que necesitamos tiempo suficiente para poner en práctica lo aprendido. Un consejo: revisa tu planificación y aumenta el tiempo dedicado a la tarea final.
- Investiga cómo conseguir que sean los propios alumnos los que lleguen a inducir el funcionamiento de la lengua, así como a detectar, con tu ayuda, los posibles errores cometidos. Para ello, debemos formular preguntas de descubrimiento y que supongan un reto al alcance de los alumnos. También podemos pedirles que interpreten o representen lo aprendido (enlace a dibujando la gramática I y II). Será fundamental la puesta en común de las estrategias que cada uno de ellos haya empleado para realizar con éxito las tareas. Conseguir que los alumnos tomen el control de su propio aprendizaje es hacerlos cada vez más autónomos y menos dependientes de nuestras explicaciones. Un ejemplo de pregunta desafío: Cuando un niño comienza a decir sus primeras palabras ¿qué verbo pensáis que necesita primero “ser” o estar”?
- Reduce al máximo el tiempo dedicado a la propia gestión de las actividades rentabilizando las instrucciones y permitiendo a los alumnos que se conviertan poco a poco en gestores (incluso diseñadores) de sus propios materiales. Cuanto más se impliquen en el diseño de las tareas, más nos adaptaremos a sus intereses y motivaciones. Una experiencia: deja que los alumnos construyan test y exámenes de revisión para sus compañeros. Eso permitirá luego también corregirlos y comentarlos.
Si seguimos estas recomendaciones descubriremos como, paulatinamente, el tiempo de habla del profesor se irá transformando en discurso genuino. Es decir, fomentaremos interactuar continuamente con los alumnos para centrarnos en las tareas comunicativas sin perder de vista la importancia de reflexionar sobre cómo funciona la lengua y cómo se aprende. Esto nos proporcionará más tiempo disponible para observar a los alumnos, evaluar su progreso y atender sus necesidades.
¿Es posible realizar algunos de estos cambios en tu entorno particular de enseñanza y aprendizaje? ¿En qué medida ya haces algo de lo que aquí te recomendamos?
Antonio Orta
Responsable del departamento de español de Clic International House Sevilla
Antonio Orta es director del departamento de formación de profesores de Clic International House Sevilla. Licenciado en Filología Hispánica y Doctor en Lenguas Modernas y Español como Lengua Extranjera. Profesor colaborador en programas de posgrado de las universidades Pablo Olavide, Valencia y Barcelona. Coautor de Soy profesor/a. Aprender a enseñar de la editorial Edelsa y de La formación del profesorado de español: innovación y reto de la editorial Difusión.
Si quieres, puedes leer otras contribuciones suyas en este blog.
Hola Elena,
Es bien cierto lo que comentas acerca de cómo los alumnos se implican en las propuestas de actividades que les permite seleccionar la lengua que desean entre las que han aprendido y la forma en cómo comunicarlas. Esto implica que los alumnos se sienten más cómodos cuanto más los acostumbramos a llevar las riendas de su propio aprendizaje. Y nosotros, a observar y a aprender de ellos:)
Con ganas de poner en práctica las demás
Agradecerte Antonio, como siempre, la reflexiòn que provocas y lo que nos haces pensar cada vez que abres la boca, o el boli, o en este caso, el Word 😉
Comparto mi experiencia con la única que ya practico desde hace tiempo: implicar a los alumnos en el diseño de actividades de revisión y repaso con autonomía para elegir, por ejemplo, qué léxico, estructuras o contenido proponen para preguntar a sus compañeros o probarse ellos mismos.
Son todo ventajas porque esta práctica proporciona mucha información y de muchos tipos. A ellos, les da una idea de lo que sus compañeros consideran importante en la unidad trabajada, por ejemplo. A mí como profesora me permite observar cual es el criterio que siguen a la hora de seleccionar, dónde encuentran dificultades al considerarlo digno de revisar o incluirlo en este tipo de actividad, y sobre todo una información muy valiosa, qué consideran útil o necesario para la comunicación.
Un ejemplo, que me ha funcionado mucho siempre y con grupos de diferentes niveles y características, es con revisión del vocabulario. Les pido que piensen o busquen 6 u 8 unidades léxicas que han aprendido esa semana en clase o en esta unidad, que consideren útiles o interesantes. Reviso y compruebo la ortografía y hacemos dos equipos. Ponemos dos sillas de espaldas a la pizarra y ahí va a sentarse por turnos cada uno de ellos, el resto del equipo tiene que explicar la palabra escrita en la pizarra con todos los recursos y herramientas que conoce. Además del componente lúdico que aporta, se puede ver cómo los estudiantes se motivan y se esfuerzan por explicar y hacerle llegar a la palabra a su compañero, con un discurso genuino. Es sorprendente los giros y caminos que escogen para llegar a una expresión o palabra concreta y de nuevo aporta información muy útil, ya que siempre me he encontrado con unidades léxicas repetidas, es decir, seleccionadas por diferentes alumnos, lo que me ayuda a comprobar por ejemplo si el nivel general
de la clase o el ritmo de la misma es el adecuado.
¡Qué importante es controlar cuánto hablamos y si lo que decimos conlleva más aprendizaje para los alumnos!
Gracias, María. Muy buena tu predisposición a comentar este tema con los compañeros. eso significa que eres una «aprendiente autónoma»:)
Muy buena las tres entradas sobre el tiempo que dedicamos a la gestión, explicación y comunicación durante las clases. Me parece muy buena idea dar al alumnoun mayor protagonismo fomentando más la independencia comunicativa y la intuitiva durante las clases. Puesto que, lo que se busca realmente es la fluidez y la naturalidad del idioma entre los alumnos. Siempre y cuando nosotros, los profesores, estemos detrás de ellos para alejar los malentendidos y corregir los errores. Voy a comentar este tema en clase, para hablarlo con los compañeros y dejarlo más claro.
Un saludo y gracias por tu tiempo.