Mi pasión por las lenguas extranjeras, y sobre todo por el español, empezó en el instituto, donde estudié por cinco años inglés y francés, y tres años de español. Cuando terminé el instituto, no estaba satisfecha con mi nivel de español. Era muy bajo y, sobre todo, me sentía insegura a la hora de hablar con alguien. Había estudiado las reglas de gramática y practicado en clase con los profesores, pero esto no resultaba suficiente.
Naturalmente, aunque básicos, estos primeros instrumentos me ayudaron durante el primer año en la Facultad, y todo me resultó más fácil a diferencia de mis compañeros que empezaban desde cero. Sin embargo las dificultades no faltaron. Por ejemplo, comprendí y aprendí fácilmente el uso de los artículos, el género, los modos y tiempos del verbo dado que, de alguna forma, se parecen al italiano. Fue más difícil aprender todas las irregularidades de los verbos, el uso de por y para y, sobre todo, el uso de la tilde.
Sin embargo, también en la universidad la cosa que me resultaba más difícil era hablar en español. Tenía como un muro que me impedía producir todo lo que estaba en mi cabeza. Pensaba una frase, organizaba un discurso en mi mente, pero no podía salir nada afuera, porque todo el tiempo tenía pavor de equivocarme, de decir algo estúpido y meter la pata. Con el tiempo conseguí superar este obstáculo, y gracias a los consejos de mis profesores comprendí que un idioma no se puede aprender solamente con los libros de gramática, sino que se necesitan también otros instrumentos. Hasta aquel entonces mi mente hacía una sola ecuación: libro igual a conocimiento.
Abriendo mis horizontes, comprendí que había un número infinito de ecuaciones que podían dar como resultado el aprendizaje de un idioma: el cine, la música, la literatura, el arte, las nuevas tecnologías etc… Empecé a ver películas en español, disfrutando aún más de mi pasión por el cine y aprendiendo muchas palabras nuevas. Además, una vez dominado el idioma he podido valorar las variantes del español que se hablan alrededor del mundo, y no limitar mis conocimientos y mi vocabulario.
Gracias a internet he podido comunicarme y practicar el idioma con personas de distintos países de América Latina, descubriendo culturas y costumbres diferentes. Con el estudio de la historia y la literatura en la universidad he mejorado cada día, consiguiendo alcanzar un nivel C1 que me permite entender todo aunque, a diferencia de un inglés o un chino, para un italiano es mucho más fácil entender a un hispanohablante, y mantener una conversación sin ninguna dificultad.
La cosa más útil que he aprendido durante mis estudios es que para alcanzar un domino casi completo de un nuevo idioma se necesita: pasión, curiosidad, ganas de aprender siempre algo nuevo y una práctica constante. Sin amor y entrega total por lo que haces es inútil esforzarse porque los resultados siempre serán mediocres.
Antonella Cavaliere
Colaboradora del centro, CLIC IH Sevilla
Antonella Cavalliere, una napolitana muy andaluza: ha realizado sus prácticas con nosotros en la escuela y en la actualidad trabaja en la Escuela de Hostelería siguiendo colaborando con la escuela siempre que se lo pedimos.
Si quieres, puedes leer otras contribuciones suyas en este blog.
Me ha gustado mucho tu texto aunque mi experiencia es casi lo contrario. Mí interés por el español empezó en la música y en las películas y al escucharlas quería aprender la gramática. Pero sí, yo también he experimentato una enseñanza clásica con poca práctica oral.
La pasión, la curiosidad y las ganas de aprender una lengua suele surgir en la comunicación con la gente. Al conocer a gente en países hispanohablanes he querido aprender más y poder comunicarme lo mejor posible.
En unos años voy a ser profesora de español y me llevaré esta perspectiva de la cultura a mis clases.
Para motivar a los alumnos creo que se debe aumentar la curiosidad de la cultura y practicar mucho la comunicación.
Soy de Suecia y en el instituto tuve la oportunidad de tener un intercambio con Las Islas Canarias. Eso, de verdad, aumentó mi interés por la lengua y la cultura española. La comunicación mejora en la comunicación.
Pues yo estoy completamente de acuerdo. Con los enfoques de enseñanza de idiomas que se llevaban antes aprendíamos mucha gramática y tal pero lo que venía siendo escucha y comunicación oral… Por suerte para los profesores y alumnos de ahora internet nos brinda una fuente de recursos infinita que sumado a un poquito de imaginación puede hacer que llevemos al aula unos materiales estupendos. Lo que está claro es que aprender una lengua es apasionarse por ella y por todo lo que ella conlleva, sus costumbres, historia, cultura en general. Los alumnos que perduran son los que de verdad desean aprender, o los que los profesores consiguen enganchar, por eso las nuevas teorías comunicativas resultan tan interesantes. Con un poquito de maña la pasión por aprender surge sola.
Antes que nada, Antonella, quiero felicitarte: tu español es excelente. Tu pasión te llevó adonde tú querías, y la verdad es que eres un ejemplo para los que desean aprender un idioma extranjero.
Antes
Totalmente de acuerdo, Antonella.
La curiosidad es la madre de la ciencia y del conocimiento. También facilita la motivación por el aprendizaje. En cuanto a la pasión, un artista sin pasión no suele llenar las salas de concierto. Por último, las ganas de aprender…¡Qué difícil es saber por qué hay alumnos con estas ganas y en cambio otros totalmente desganados! ¿habrá algún jarabe para curarlo? ¿Se tratará de una enfermedad contagiosa? ¿Qué será de las escuelas de español en el futuro? ¡Madre mía! ¡Cuántos interrogantes me ha dado leer tu artículo!