Ya lo adelantó Shlomo Sharan:
El concepto de aprendizaje cooperativo se ha convertido en un término genérico que esconde tanto como enseña, debido a que frecuentemente significa cosas muy diferentes para personas también diferentes.
El término aprendizaje cooperativo es uno de esos términos que debido a su uso y abuso corre el riesgo de convertirse en un concepto vacío, ese contenedor que todos tenemos en clase pero que no sabemos muy bien lo que contiene y en el que metemos todo lo que implique grupo. Os proponemos siete preguntas que deberíamos plantearnos cuando decidimos plantear una tarea colaborativa. Seguro que nos hacen mirar y reflexionar sobre lo que hay o debería haber en ese gran cajón.
1. ¿Es necesaria la implicación de todos en la tarea y hay un buen reparto de responsabilidades? Siempre deberíamos plantearnos si favorecemos con nuestro diseño de tareas la aparición de una interdependencia positiva, que haga absolutamente necesarias sus aportaciones. Tan importante es que participen como que lo que aporten sea responsable en parte de la consecución del objetivo final.
2. ¿Necesito de la interacción o podrían ser más efectivos de forma individual? En ocasiones plantemos como grupales actividades que ni se diseñaron ni están pensadas para ser realizadas en colaboración, no todo vale ni todo funciona para el trabajo colaborativo. No basta con “esta actividad la hacemos en grupo” si no tenemos una justificación razonable.
3. ¿El grupo es heterogéneo y tiene el número de miembros adecuado para la tarea? Los grupos deben estar equilibrados en cuanto a capacidades y habilidades, pero también debemos intentar que haya variedad y representatividad de la “sociología” de nuestras aulas. El tamaño también importa, deberíamos decidir el número del grupo en función de la tarea. Como sabréis, a veces tres es multitud.
4. ¿El producto obtenido es más elaborado y rico del que podrían hacer en autonomía? Deberíamos plantearnos siempre qué perdemos y qué ganamos al plantear una tarea como colaborativa. Es más, habría que observar siempre los pros y los contras de planteamientos colaborativos con un grupo y en unas circunstancias concretas. El afán por incluir elementos cooperativos nos puede hacer perder de vista que para determinadas actividades los individuos a veces se las arreglan mejor solos.
5. ¿Tienen libertad para desarrollar su creatividad individual? El grupo y su complejidad de gestión pueden disminuir la motivación , así mismo la suma de todos los intereses puede ir en detrimento de la calidad del proyecto. Lo grupal no debería ser un yugo para lo individual, las tareas tiene que ser abiertas en cuanto a resultados como grupo pero también en cuanto a las expectativas y objetivos personales.
6. ¿Favorezco que se desarrollen tanto las habilidades lingüísticas como las sociales y afectivas? El trabajo en equipo permite medirse como agente social y desarrollar o potenciar habilidades que están ocultas o que desarrollamos de forma diferente en la lengua y cultura meta. En ocasiones ese currículo oculto de nuestras clases es más importante que todo lo demás.
7. ¿La evaluación de la tarea y del trabajo también se hace de forma grupal? ¿Por qué no? La colaboración se extiende también hacia la evaluación de los resultados, con ella valoran el producto pero también el proceso , se analiza la gestión de los roles desempeñados y la implicación en el trabajo. Pero aún hay más ¿estamos nosotros y nuestros estudiantes listos para la evaluación y difusión de esas tareas fuera del aula? ¿estamos dispuestos a extender esa colaboración a diferentes clases o en las redes sociales?
¿Qué pensáis? ¿Tenemos todos lo mismo en el cajón?
Créditos de la imagen de este artículo: woodleywonderworks
Juan de Dios López Rael
Profesor de español y formador de profesores , CLIC IH Sevilla
Licenciado en Filología Hispánica y Máster de ELE por la universidad Pablo de Olavide. Formador de profesores y tutor en línea de los cursos de formacionele.com.
Si quieres, puedes leer otras contribuciones suyas en este blog.
TOTALMENT DE ACUERDO
Totalmente de acuerdo
El aprendizaje cooperativo tiene sus bondades, pero también sus desventajas como cualquier otra metodología. Considero que en el aula hay que trabjar todo tipo de agrupamientos, desde las tareas individuales, por parejas en equipos o gran grupo. Apostar por una metodología concreta como solución a todos los problemas del aula limita la posibilidad de cualquier situación de aprendizaje. Sea acual sea la metodología empleada, se debe poner el énfasis en la actividad del alumno, en provocar su esfuerzo cognitivo a través de las diferentes actividades, en entrenarlo en rutinas de pensamiento que promuevan su el desarrollo del razonamiento lógico y del pensamietno crítico.
La reflexión que nos invita a hacer Juan de Dios con esta entrada me parece muy importante precisamente para esclarecer lo que tiene cabida en el cajón del trabajo cooperativo y lo que no.
Las siete preguntas nos permiten reflexionar sobre las diferentes posibilidades que tenemos que evaluar antes de seleccionar un tipo de agrupamiento. Todo esto con la finalidad de no cometer el error de proponer que se realice una actividad en grupo sin haber hecho un análisis previo, solo por seguir las tendencias actuales.
De las siete preguntas, me cuesta trabajo identificar cuáles serían las más cruciales en nuestro análisis. Sin embargo, partiendo del factor motivacional en el aprendizaje, considero que la pregunta 1. ¿Es necesaria la implicación de todos en la tarea y hay un buen reparto de responsabilidades? es crucial. El hecho de que no haya un buen reparto de responsabilidades puede afectar negativamente no solo el trabajo del grupo, sino también la motivación individual y las aportaciones individuales en la consecución del objetivo final. De ahí la responsabilidad tan grande que tiene el docente en la formación de los grupos y al evaluar si realmente se dan interdependencias positivas. De no ser así deberá optar por otras opciones como el trabajo individual. En palabras de Elena Suárez «el trabajo individual puede ser tanto o más productivo que el cooperativo en determinados casos». Estoy completamente de acuerdo. En todo caso, nos queda claro que el docente requiere de una formación previa que le permita tomar decisiones sobre la gestión del aula con fundamento.
Otra pregunta que me parece clave es la número 5. ¿Tienen libertad para desarrollar su creatividad individual? Lo grupal no debería ser un yugo para lo individual». Esto también tiene que ver con la motivación y cómo la complejidad de la gestión del grupo influye en la motivación.
Otras consideraciones que me parecen importantes son la número 4. ¿El producto obtenido es más elaborado y rico del que podrían hacer en autonomía? y la número 7. ¿La evaluación de la tarea y del trabajo también se hace de forma grupal? ¿Por qué no? Es común que se evalúe solo el producto final, pero no la forma en la que trabajó el grupo.
Para terminar coincido en que el trabajo cooperativo bien pensado en el plan de clase, a partir de una reflexión previa sobre las necesidades del grupo y los objetivos de aprendizaje, puede ser muy eficaz, si además de desarrollar habilidades lingüísticas, permite a los alumnos desarrollar las habilidades sociales y afectivas. Para evaluar las posibilidades de que dicho trabajo sea eficaz, tenemos que hacernos las siete preguntas. Si nos damos cuenta de que no es la mejor opción, debemos evaluar las otras opciones de las que disponemos, recordando que a veces el trabajo individual puede ser la mejor opción.
Totalmente de acuerdo con lo aquí expuesto. El abuso del término «aprendizaje cooperativo» ha terminado por distorsionarlo totalmente. Las 7 preguntas que se proponen me parecen totalmente acertadas para individualemente hacer una reflexión sobre lo que estamos considerando aprendizaje cooperativo o no, porque no todo vale.
Me parece especialmente interesante la pregunta de «¿Tienen libertad para desarrollar su creatividad individual?» creo que a veces olvidamos lo complicado que es gestionar un grupo y que aunque es muy importante y por supuesto debemos ayudar a que sepan hacerlo, debemos encontrar un balance. Hay que darle al alumnado las herramientas para que sepa trabajar en grupo sin olvidar que también son individuos y que tienen que poder encontrar espacio para desarrollarse individualmente sin sentirse sobrecargados y estresados por la necesidad de trabajar en grupo.
Buenas noches.
Estoy muy de acuerdo con el autor de este post. Parece que se usa con mucha asiduidad el término aprendizaje colaborativo.
Efectivamente, es vital que todos los alumnos se impliquen en las distintas tareas que se propongan. Además, tiene que haber un estupendo reparto de tareas y que cada alumno realice una tarea diferente en cada actividad propuesta de forma que aprenda los diferentes roles.
Por otro lado, deben interactuar entre ellos y colaborar en la actividad propuesta.
También es importante que los miembros que formen el grupo colaborativo sean adecuados en número, ni que sobren ni que falten, para la actividad propuesta. Además, se tiene que tener en cuenta que el trabajo que se va a realizar es adecuado para un grupo de alumnos o es mejor hacerlo individualmente.
Por supuesto, hay que tener en cuenta el desarrollo de la capacidad creativa del alumnado de manera que se obtengan resultados muy buenos.
También estoy de acuerdo en que el alumnado desarrollen tanto las habilidades y emocionales. Las emociones son importantes en el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Para finalizar, la evaluación es vital, tanto de la tarea como la evaluación de todo el proceso.
Un post, en resumen, muy acertado.
Estoy totalmente de acuerdo con María Jesús
Me han parecido muy interesantes y de crucial importancia las 7 cuestiones sobre el aprendizaje cooperativo.
Un docente cualificado debería saber la diferencia entre cooperativo y colaborativo, y cuándo y cómo llevar a cabo cada una de ellas en su aula con sus alumnos. Realizar actividades «porque sí» o por «moda», sin un estudio previo, sin el conocimiento de qué estamos haciendo ni de qué queremos alcanzar mediante ellas y sin un fin específico, el proceso de aprendizaje no tendrá sentido en sí mismo y el concepto cooperativo irá decayendo en un concepto vacío por su mal uso y abuso, como es mencionado en el artículo.
También me parece de máxima importancia el comentario de Ana Isabel Bejarano: «Para mi lo más importante es creer en lo que uno hace. Partiendo de esa premisa, si el docente hace una actividad en la que no cree difícilmente podrá transmitir nada». Sin dejar de lado la afirmación de Víctor J. Ovejero: «El grado de implicación y conocimiento del profesorado en estos temas resulta fundamental». El docente tiene que ser profesional, tener vocación, creer en sí mismo, disfrutar de lo que hace y transmitirlo a sus alumno. Esto es una pieza indispensable en el puzle del aprendizaje.
No olvidemos que tanto las actividades cooperativas como las colaborativas e individuales son un medio para llegar a los objetivos del aprendizaje, el utensilio que debemos estudiar y analizar previamente según qué queremos alcanzar, sin olvidar, por supuesto, la realidad de nuestro alumnado.
Como conclusión puedo decir que no hay métodos ni mejores ni peores sino que en la variedad está el gusto de todos y la clave del éxito para un aprendizaje integral es saber cómo y cuándo utilizar las herramientas de las que disponemos.
Comparto las opiniones de los compañeros que han intervenido hasta el momento, y que creo se resumen en el comentario de Elena Suárez, que hace mención a la importancia de trabajar en el aula con diversidad de agrupaciones (individual, parejas, grupos…), y que refiere que: «(…)Los momentos de trabajo silencioso y solitarios me parecen muy importantes.» Además, y como comentaba mi compañera Belén, realizar trabajos cooperativos en el aula requiere de un trabajo previo por parte del docente, y creo que se tienen que dar una serie de circunstancias para que el trabajo cooperativo sea efectivo.
Porque no podemos confundir el trabajo en grupo con el trabajo cooperativo, no es lo mismo. Y esto me lleva a reflexionar sobre otro aspecto del que se habla en los comentarios, la conveniencia o no de realizar trabajos cooperativos en una formación on line. Creo que la clave está en que estamos confundiendo trabajo grupal con cooperativo. Son cosas diferentes: el trabajo cooperativo requiere de la participación del docente en la formación de los equipos de trabajo, y debe existir una ayuda real a la hora de realizar el trabajo entre los miembros del equipo, deben ayudarse entre todos para lograr el objetivo que el docente haya planteado. Que cada uno haga una parte del trabajo, y luego se presente el resultado, es un trabajo colaborativo, no cooperativo.
Creo que aquí también está la clave del debate, diferenciar claramente si estamos implantando en nuestras clases un trabajo cooperativo de verdad, o simplemente estamos realizando tareas grupales, colaborativas.
Estoy completamente de acuerdo con la idea genérica de este artículo y con las opiniones de los otros compañeros: a veces, bajo el concepto de aprendizaje cooperativo, se esconde una simple actividad grupal, con un diseño y adecuación insuficiente para la realidad del aula.
La evolución en los métodos de enseñanza ha llevado a mucho profesores a imponer en sus clases ciertos tipos de aprendizaje, sólo por el mero hecho de estar de moda. Antes de aplicar un aprendizaje cooperativo el profesor tiene que realizar un trabajo previo de investigación, que requerirá una gran preparación docente y un buen dominio de las técnicas.
Por otro lado, el aprendizaje cooperativo tiene que adecuarse a la realidad del aula, y nadie mejor que el profesor para saber si esa metodología funcionaría según las características y necesidades de sus alumnos. No existe un único aprendizaje ni una única forma de llevarlo a cabo. Por ello, pienso que un docente, dentro del aula, puede practicar diferentes tipos de aprendizajes que desarrollen más de una destreza e inteligencia. El trabajo cooperativo, bajo mi punto de vista, tiene muchísimas ventajas y beneficios porque no sólo consigue la adquisición de un conocimiento a través de la cooperación, sino que además se trabajan aspectos tan positivos como el afectivo y el social, importantísimos para el correcto desarrollo de la persona. Es responsabilidad del profesor plantearse esas siete preguntas para reflexionar si la forma de llevar a cabo el aprendizaje cooperativo es la adecuada y la más eficaz. Aun así, como comenta María Cristina, pienso que el trabajo individual también es imprescindible en los centros escolares para trabajar destrezas que no se puede trabajar de igual modo en los grupos de trabajo.
Me quedo con la frase de Isabel María, “el aprendizaje cooperativo y el individual deben complementarse y adaptarse a los objetivos y al alumnado”, y añado, con un trabajo previo de investigación, adecuación y planificación por parte del docente.
Muy interesante este artículo y estoy de acuerdo con que el término aprendizaje colaborativo se ha casi convertido en un «concepto vacío» sinónimo de trabajo en grupo o, como dice Fernando G.R., en una «simple etiqueta» que le ponemos al cajón donde depositamos toda propuesta de trabajo grupal que sirve para justificar la innovación metodológica.
Es por eso que estas siete preguntas que presenta el artículo me han parecido muy útiles: nos llevan a reflexionar sobre los criterios que deberíamos tener en cuenta antes de plantear una tarea colaborativa.
Como ya lo han mencionado otros compañeros, el trabajo previo del profesor es esencial: detenerse a observar cada propuesta de trabajo grupal para evaluar sus pros y sus contras y así determinar si ésta es suceptible de basarse en una tarea colaborativa. Y, por último, no descartar la propuesta de un trabajo individual que, como destaca el artículo, muchas veces da un mejor resultado.
Coincido absolutamente con lo que expone María Cristina sobre la importancia del trabajo individual en las aulas, pues hay determinadas destrezas como la gestión de los tiempos o la toma de decisiones autónomas que pueden verse afectadas si el alumno se enfrenta únicamente a trabajos grupales. Generalmente, en los grupos cada alumno adopta, en función de su personalidad, determinados papeles, y siempre encontramos un miembro que realiza las funciones de «líder», lo que supone que los integrantes pasivos se dejen llevar.
Sin embargo, no considero, en absoluto, que el trabajo colaborativo y grupal no sea necesario, pues una actividad grupal bien organizada y debidamente estructurada puede dar resultados muy positivos tanto para los alumnos como para el docente. No obstante, como bien dice el artículo, es imprescindible que la actividad siga una serie de pautas como el carácter heterogéneo de los grupos. En cuanto al dilema que genera el método de evaluación, creo que aún queda mucho por discutir y valorar, pues la evaluación conjunta puede beneficiar a determinados alumnos que adoptan un papel pasivo en el grupo y, al mismo tiempo, afectar negativamente a los alumnos que realmente ponen todo su empeño en realizar su trabajo lo mejor posible.
Hola a tod@s
Cuando reviso las siete preguntas de Juan de Dios, reflexiono sobre todo lo que el profesorado debe tener en cuenta para planificar una actividad al grupo que coordina. ¿está el profesorado cualificado para trabajar en grupo?, ¿tiene el profesorado cultura colaborativa o cooperativa?, ¿sigue el profesorado pautas obligatorias? ¿está obligado a ejercer trabajo cooperativo?…
Para mi lo más importante es creer en lo que uno hace. Partiendo de esa premisa, si el docente hace una actividad en la que no cree difícilmente podrá transmitir nada. Por suerte, el esfuerzo y la motivación siempre ganan.
Saludos
Efectivamente, tendríamos que tener en cuenta los 7 apartados que el artículo menciona si realmente queremos dotar de significado y contenido cualquier tarea cooperativa o colaborativa, tal y como hace referencia el texto. Pero primero, tendríamos que diferenciar entre trabajo cooperativo y trabajo colaborativo, aunque como bien se ha destacado …debido a su uso y abuso, no sabemos bien qué contiene…
En el aprendizaje cooperativo parece haber mayor énfasis en la tarea, en cambio, en el colaborativo el acento recae en el proceso. La premisa básica del aprendizaje colaborativo es la construcción del consenso a través de la cooperación de los miembros.
Todas estas definiciones vienen a coincidir con la idea de que el trabajo cooperativo en el aula es altamente eficaz para el rendimiento académico del alumnado, en la medida en que es una técnica por la cual el grupo-clase trabaja, a su vez, en pequeños grupos, sobre una tarea perfectamente estructurada por el docente.
Buenos días.
Este artículo, sin lugar a dudas, nos hace reflexionar sobre una pregunta que todos los profesores en algún momento nos hemos realizado ¿estoy llevando a cabo correctamente el trabajo cooperativo?, ¿mis alumnos están aprendiendo realmente con el aprendizaje cooperativo?
Todos los profesores sabemos que disponemos de un amplio abanico de actividades y recursos para llevar a cabo en nuestro aula un aprendizaje cooperativo, y sabemos como realizarlo, pero muchas veces no nos planteamos todas las preguntas que aparecen en el artículo a la hora de realizar una actividad cooperativa en nuestra aula, no nos paramos a plantearnos si se consiguen todos los objetivos que se pretendían con las actividades cooperativas, y entonces es cuando algo falla.
El trabajo cooperativo, bajo mi punto de vista, tiene muchísimas ventajas y beneficios para el aprendizaje dentro de un aula, porque no solo se consigue la adquisición de un conocimiento de una forma más dinámica a través de la cooperación de todos los miembros, sino que además se favorecen y se trabajan muchos más aspectos de los pequeños, como es el afectivo y el social, tan importantes para el correcto desarrollo de la persona, además de favorecer el desarrollo de la personalidad del individuo; pero debemos asegurarnos de que se realiza de la forma correcta, que todos sus miembros colaboran de igual manera y se implican en el trabajo.
Aún así, no todo el aprendizaje se puede realizar de forma cooperativa; el trabajo individual es imprescindible en los centros escolares para trabajar destrezas (como organizar tu trabajo y tu tiempo eficientemente) que no se puede trabajar de igual modo en los grupos de trabajo.
Me ha parecido bastante interesante la introducción del artículo: «corre el riesgo de convertirse en un concepto vacío», efectivamente es el peligro que tienen todas las innovaciones en educación. Hacer trabajos en grupos en clase es algo que ha existido desde siempre, al menos que yo recuerde mis años de EGB en los 80 y 90 así fueron. Ahora bien, al llamarle de una manera más técnica con el nombre de «aprendizaje cooperativo» se supone que ya haremos algo más que aquello de «amontonar» a estudiantes en cuatro partes del aula, siguiendo como criterio solamente la lista de clase, y donde siempre había un grupo con alguna cabeza pensante mientras el resto se limitaba a mirar o a jugar con el pegamento «el mago» pringando a los demás.
Hoy en día, si se quiere hacer bien, requiere de un trabajo previo del profesor. Como hemos leido en esos seis puntos, con los cuales estoy totalmente de acuerdo. Me quedo sobre todo con el punto número tres, en el que se plantea la reflexión de si el grupo es o no heterogéneo.
Concluyo mi intervención con el matiz habitual: todo esto dependerá bastante del «tipo» y edad del alumnado. Trabajar con grupos de adultos no tiene nada que ver que hacerlo con adolescentes o niños. Ahí hay un abismo de diferencia, que supongo que la mayoría sabréis porque lo digo.
Un saludo
Estoy muy de acuerdo con todas las intervenciones, pero querría, especialmente, destacar la de Mónica que subraya uno de los problemas que encontramos en los trabajos en grupo: la necesidad de cumplir con el expediente sin tomar en consideración de manera precisa y exhaustiva todos los puntos que se mencionan en la entrada.
Creo que no podemos dejar de pensar que los trabajos colaborativos son instrumentos sin ningún tipo de vitalidad por sí mismos: los docentes debemos asumir la dirección de este tipo de práctica educativa entendiendo la exigencia de la misma.
La práctica de cualquier lengua es una actividad cooperativa por cuanto que requiere inexorablemente de una interacción entre hablantes con la que se consigue una proyección de su personalidad y una mayor integración sociocultural. Si partimos de esta premisa, su enseñanza debería contemplar la cooperación entre estudiantes como medio enriquecedor para la adquisición de una segunda lengua.
Esta cooperación no se puede establecer a cualquier precio sino que exige una formación previa del educador que sirva como punto de partida para incitar al trabajo en equipo desde una interdependencia positiva. El grado de implicación y conocimiento del profesorado en estos temas resulta fundamental ya que debería ser el responsable de seleccionar sus integrantes y valorar la consecución de objetivos, sin desmerecer la utilización adecuada de otras técnicas de aprendizaje que hayan demostrado efectividad. De hecho, el trabajo individual puede ser, en determinados casos, tanto o más productivo que el cooperativo, como señala Elena Suárez.
En esta misma línea, coincido con otros compañeros al priorizar también la formación del grupo como punto de referencia sobre el que surgirá la necesidad de trabajar juntos. Esto no significa que el grupo no se pueda constituir una vez conocido el trabajo a realizar, como señala Fernando García, ya que esta situación no tiene porqué condicionar la pérdida de ciertos valores. No obstante, los integrantes del equipo deberían establecer algún tipo de interacción en algún momento que promueva su concordancia y motivación hacia la tarea propuesta, y el docente debería conocer las particularidades de cada integrante para facilitar una heterogeneidad suficiente que redunde en el colectivo a partir de las aportaciones individuales. Por tanto, un trabajo cooperativo no puede constituirse sobre la arbitrariedad en la selección de los componentes del equipo y la tarea propuesta debería satisfacer sus necesidades.
Personalmente, creo que el propio texto sobre el que se nos pide opinión podría servirnos como guía para marcar las directrices en el diseño de una actividad cooperativa, ya que una misma propuesta no tiene porqué ser aplicable de forma universal. Antes de plantear este tipo de tareas deberíamos asegurarnos de su utilidad con respecto a las expectativas de los destinatarios y su grado de compromiso, sin desatender el desarrollo de habilidades ocultas o de difícil adquisición individual y siempre desde el respeto a su propia creatividad y autonomía.
Por último, pero no menos importante, resulta muy interesante la evaluación de los resultados obtenidos con la tarea programada. Es cierto que la mayor imparcialidad viene de la mano de un docente bien adiestrado pero se debería contar con la reflexión de todos los participantes sobre cómo han vivido la experiencia y la consecución de objetivos. La verbalización de sus opiniones también pueden aportar enseñanzas.
En definitiva, creo que el trabajo cooperativo puede ser una gran aportación para la enseñanza de lenguas siempre que se utilice como complemento de otras herramientas y se instaure desde la reflexión de sus contribuciones. Así, este «cajón», al que se hace referencia, sólo tiene cabida para actividades basadas en aportaciones personales que complementen las carencias de otros miembros y cuyos resultados benefician a cada participante desde el provecho colectivo y a la inversa. Un uso responsable de esta estrategia podría contribuir igualmente a mejorar nuestra propia pedagogía en el aula.
Estoy muy de acuerdo con todo lo dicho en el articulo pero creo que hay que diferenciar dos cuestiones. Por un lado, la importancia en la adquisición de una lengua de trabajos en grupo ya que hay que interactuar, ya sea a nivel escrito u oral. Y por otro lado hay que tener en cuenta que cuantas más personas o factores participen una actividad, más complejidad organizativa tendrá dicha actividad. Y aunque estoy de acuerdo con todos los puntos, me parece que son aplicables a cualquier tipo de acticidad ¿Tiene sentido hacer una audición? ¿Una exposición? ¿Una lectura? Bajo mi punto de vista los siete puntos deberian aplicarse a cualquier actividad educativa.
Excelente la entrada de Juan de Dios porque nos hace reflexionar que el trabajo colaborativo debe ser, pienso y luego actúo, es decir, antes de decidir llevar a cabo este tipo de actividades, se debe planear, justificar, coordinar y supervisar a la perfección cada detalle para que realmente sea eficaz.
Considero que el trabajo colaborativo en el salón de clases como en las aulas virtuales, debe ser algo indispensable de practicar, no solo por hacer uso de las nuevas tecnologías y decir que estamos en lo último en educación, sino porque este mundo globalizado esta moviéndose muy rápidamente y la forma de trabajar es así, las grandes empresas y los negocios exitosos no serian posibles sin un trabajo colaborativo constante bien supervisado con un fin común, todos deben hacer lo que les corresponde sin importar si conocen o no a las personas con las que trabajan, por supuesto que sería ideal que todos fuéramos amigos y que se nos encomendaran hacer solo lo que nos gusta hacer, pero el mundo no es así es nuestro deber como maestros enfrentar a nuestros alumnos a situaciones reales en el aula que vayan mas allá que enseñar la materia en cuestión.
Como maestros, debemos tener la capacidad de generar en el aula actividades equilibradas, tanto colaborativas como individuales, usando tecnología y también lápiz y papel así como estar atentos en todos los factores que intervienen en el aprendizaje.
Coincido ampliamente y me quedo con lo comentado por Isabel María Jimenez: “El aprendizaje cooperativo y el individual deben complementarse y adaptarse a los objetivos y al alumnado”.
Tal y como he comentado unos comentarios más arriba respondiendo a Carmen, me disgusta mucho encontrarme con docentes obsesionados con los trabajos colaborativos. Habría que estudiar si la tarea en cuestión es apta para realizarla en conjunto. Los profesores deberían preguntarse qué quieren conseguir proponiendo esta forma de trabajo y si es algo que una sola persona pueda llevar a cabo sin ningún problema. En un mundo ideal, donde todos colaborasen a partes iguales y fuesen responsables, podrían sugerirse diversas actividades que, entre otras cosas, fomentarían esa socialización que tanto se necesita en el aprendizaje de una segunda lengua. La realidad, como han añadido algunos compañeros de otros años, es que es muy difícil conectar con personas de personalidades dispares a las que muchas veces ni conoces. Opino que para lograr un trabajo decente, los miembros deben saber coordinarse y tenerse cierta confianza (y aún así hay problemas). Siento ser tan negativa, pero todavía no conozco a nadie que haya tenido una experiencia agradable con los trabajos grupales.
Tan importantes son las actividades individuales donde cada alumno persigue un objetivo concreto a través del aprendizaje, como las actividades grupales que permiten cumplir los objetivos de todos gracias a cada aportación individual.
Dentro del aprendizaje cooperativo, la participación del conjunto de alumnos puede aportar a las tareas lo positivo de cada estudiante y así beneficiarse todos de ello. Aún así el tamaño del grupo también importa, ya que cuanto más grande y heterogéneo sea más controversias puede haber, aunque al mismo tiempo existe más riqueza en el proceso enseñanza / aprendizaje.
Lo primero que tengo que confesar es que, como estudiante, cuando oigo las palabras ‘trabajo en grupo’ me pongo a temblar. No he tenido demasiadas buenas experiencias. En los peores casos, con mucha pérdida de tiempo y algún ‘escaqueo’. En los mejores, significando el trabajo como una división en varias partes a realizar individualmente y conocer la totalidad en el momento de la presentación.
Me gusta la perspectiva de este artículo de no lanzarse siempre al trabajo en grupo porque queda bien, sino analizar los requerimientos de cada caso. A pesar de lo dicho antes, creo que un trabajo en grupo puede ser enriquecedor. Pero siempre y cuando esté bien planteado.
Para mí, Carmen, también: un trabajo cooperativo tiene que estar muy bien planteado. Requiere una gran preparación docente y un buen dominio de las técnicas.
El artículo sintetiza las bases del trabajo cooperativo, así como se han ido definiendo en las últimas decadas. Son bases excelentes, que podemos aplicar tanto al trabajo presencial como a los cursos en línea. Ahora bien, lo vuelvo a poner en evidencia: un docente puede servirse de estos requisitos cuando planifica su trabajo. Pero para hacerlo debe tener una formación específica sobre ello. Y me parece que es este el problema: falta (por lo menos en Italia, donde yo vivo) una formación a la práctica docente que sea realmente eficaz.
Coincido perfecto contigo Leonardo, todo trabajo cooperativo debe ser bien planteado y le agregaría tambien supervisado, para eso somos maestros, para supervisar que los alumnos aprendan y vayan haciendo las cosas adecuadamente. Yo tambien fui alumna y como Mónica tambien me topé con maestros que escudaban su poca preparación con trabajos en equipo y al final terminabas no aprendiendo nada y sacabas una mala nota porque tus compañeros de equipo no hacian lo que les correspondía. Eso seguirá sin duda, pero el estar aquí escribiendo en este blog y preparandonos es precisamente para no ser como aquel maestro con poca preparación.
Pienso como tú, Carmen. Lamentablemente he tenido experiencias horribles. Honestamente creo que sólo 1 de cada 10 trabajos en grupo han sido satisfactorios (y tampoco en exceso). Lo que más me molesta es que, en muchas ocasiones, los propios profesores han confesado que el único objetivo del trabajo colaborativo es tener que corregir menos cantidad de tarea. Sin comentarios… Por eso también creo que hay que analizar si es más o menos conveniente hacerlo individualmente o con compañeros.
Efectivamente, ahora se le da importancia al trabajo cooperativo pero muchos profesores ni siquiera saben lo que es. Creen que por mandar tareas en grupo de vez en cuando ya estan desarrollando la capacidad de trabajar en equipo pero el trabajo cooperativo va más allá. Se trata de pensar exactamente que tareas tendrán más sentido y serán más efectivas realizadas en equipo. Como dice el artículo, es importante pensar de cuantos miembros sera el equipo ya que corremos el riesgo de que algunos trabajen y otros no hagan nada. Por tanto lo ideal es asignar roles y no formar grupos muy grandes para que todos tenga algo que hacer y también para que se pueda escuchar la voz de todos los miembros.
Un artículo para reflexionar. Como ya se ha mencionado en otros comentarios, la evolución en los métodos y enfoques de enseñanza de segundas lenguas nos ha llevado a «forzar» ciertas estrategias y estilos docentes sólo porque están en boga. Pasa con la tecnología y pasa con el trabajo cooperativo.
Creo que lo más complicado de todo es intentar cumplir todos los puntos de los que se habla en este artículo: buen reparto, interacción, sinergias, habilidades, etc. ¿Cómo diseñar actividades de este tipo? Desde luego, requiere una muy buena gestión del aula y unos excelentes conocimientos pedagógicos, además de grandes dosis de creatividad.
Los estilos de aprendizaje de cada alumno son algo individual y único y hay que tener esto en cuenta a la hora de plantear actividades de este tipo. Dicho lo cual, en muchas ocasiones tenemos que cambiar las expectativas del alumnado respecto a cómo debe ser el proceso de enseñanza-aprendizaje e introducir elementos nuevos y otras formas de proceder que les enriquezcan y muestren otra forma de mejorar sus capacidades comunicativas.
Buenas noches, estoy de acuerdo en gran medida con el artículo que acabo de leer. Muchas veces no nos planteamos la incógnita de si el trabajo colaborativo que queremos plantear en un aula o en cualquier otro lugar esta realmente adaptado a la actividad que vamos a llevar a cabo. He visto y he vivido como profesores de universidad preparaban actividades que según su naturaleza eran idóneas para trabajarlas de maneras individual, pero que sin embargo se hicieron a través de grupos. Es por ello que debemos de estar alerta, estudiar el tipo de ejercicio que queremos hacer y estudiar la efectividad de la realización individual o grupal de la misma.
Muy interesante este debate. No creo que todos seamos iguales y por eso creo que en estas actividades la riqueza es justamente eso, colaborar con nuestras destrezas individuales y cooperar en una puesta en común. En teoría, solo podríamos beneficiarnos de ello aunque en la realidad puede que sea diferente y por eso son muy validad las preguntas expuestas en este debate. La elección de los participantes es importante pero estoy de acuerdo con Carolina, no creo que en un trabajo colaborativo sea necesario que todos los participantes del grupo se conozcan personalmente, incluso puede favorecer el ampliar lazos y las relaciones entre varios participantes. Creo que es incluso importante separar a alumnos que siempre tienden a trabajar en parejas, para que no caigan en una rutina al realizar las tareas asignadas.
Me parecen muy interesantes las preguntas planteadas por Juan de Dios y remarcaría la importancia de la primera y la quinta.
No creo que tengamos lo mismo en el cajón y por eso es tan productivo que haya una variedad.
Coincido con vosotros en que hoy en día, en cierto sentido, a cualquier dinámica de trabajo en grupo enseguida se la etiqueta como trabajo cooperativo, cuando en realidad no lo es. El trabajo colaborativo es un enfoque de trabajo que necesita de la interacción y del compromiso de todos los integrantes del grupo para construir juntos el aprendizaje. Para ello, es necesario que los componentes tengan muy clara la meta que pretenden conseguir, compartan experiencias y conocimientos , y sobre todo, que se sientan no solo responsables de su propio aprendizaje, sino también del de todos los demás miembros del grupo.
Gracias por este artículo, un buen manual de referencia. Estoy completamente de acuerdo con todo lo planteado en él, no tengo nada que objetar. Me ha hecho reflexionar y, con suerte, mejorar como futuro docente.
Después de haber leído el artículo creo que la el punto de partida del trabajo cooperativo es el profesor, es decir, la forma en la que los docentes estructuran los objetivos del aprendizaje determina como ellos interactúan unos con otros. Por lo tanto, la asignación de una meta apropiada a un grupo implica que los participantes exploren conceptos, analicen posibilidades y lleguen a acuerdos. Este tipo de actividades les llevará a hacer un uso cooperativo de la lengua meta, además de desarrollar habilidades relacionadas con el pensamiento crítico, toma de decisiones que son tan útiles para enfrentarse a situaciones reales. Sin embargo, una de las barreras del trabajo colaborativo es que muchos alumnos no tienen habilidades comunicativas dentro del aula, es decir, que no están acostumbrados a realizar este tipo de actividades porque han recibido una enseñanza magistral preocupada por abarcar contenidos gramaticales mas que de la adquisición de destrezas.
Por lo tanto, volvemos al punto de partida, depende de la voluntad del docente el uso de espacios sociales dentro y fuera del aula como medios para potenciar la participación y la construcción del conocimiento colectivo que son la base del aprendizaje de una segunda lengua
No debemos hacer uso del trabajo cooperativo porque sí, sino porque sea el que mejor se adecue a los objetivos propuestos y hayamos concluido que se cumplen todas las condiciones para que la propuesta didáctica sea, efectivamente, cooperativa y no un trabajo de grupo. El aprendizaje cooperativo y el individual deben complementarse y adaptarse a los objetivos y el alumnado.
Personalmente, creo que lo expuesto en este artículo es tremendamente acertado porque pone el foco en la necesidad de reflexionar antes de poner en práctica una dinámica de trabajo concreta en el aula. Las siete preguntas clave que se muestran ayudan a visualizar de forma más clara si realmente es apropiado o no realizar la tarea de forma cooperativa.
A diferencia de Luis Manuel, yo no considero que sea un factor necesario el conocerse de antemano o que haya una especial conexión para cooperar en la tarea grupal; de hecho, pienso que el desempeño de ésta puede ayudar a crear nuevas relaciones sociales dentro del aula y a mejorar el ambiente de aprendizaje a largo plazo, coincidiendo con lo que decía Fernando en su aportación. En relación a lo que comenta sobre la utilidad de esta dinámica de trabajo, considero que la clave está en el reparto de tareas desde el momento inicial y en el establecimiento de unas líneas de trabajo claras. Atendiendo a mi experiencia en este tipo de trabajos en cursos online, en ciertas ocasiones el resultado ha sido mucho mejor del que cualquiera de los aprendices podríamos haber obtenido trabajando de forma individual, y en otras el resultado ha sido mediocre debido a pequeñas incoherencias y generalmente una baja calidad de la comunicación.
Como Marta también dice en su aportación, un factor esencial para la obtención de resultados a partir de experiencias cooperativas es el proceso de reflexión previo del docente. Si las ventajas de la realización de la tarea de forma grupal no están claras, en mi opinión será mejor realizarlo de forma individual o dejar libertad a los alumnos para que lo realicen de la manera en que más cómodos se sientan. Al igual que Ana María, pienso que otros tipos de agrupaciones considerados más tradicionales también reportan grandes beneficios en el proceso de aprendizaje. Además, pienso, al igual que Elena, que usar diferentes agrupaciones en el aula nos permitirá adaptarnos a las características del alumnado y a sus estilos de aprendizaje,
Como ya nos ha enseñado el profesor Herrera tenemos que plantearnos el usar adecuadamente las nuevas tecnologías. Con el aprendizaje cooperativo pasa algo muy parecido. ¿Sólo por aplicarlo es productivo? El presente artículo nos hace recapacitar si la aplicación de esta forma de enseñar/aprender es útil siempre.
Desde mi experiencia personal, en el último centro en el que trabajé que tiene por bandera el aprendizaje cooperativo, creo que es bueno y ayuda bastante pero el profesor necesita bastante formación en esta materia para que obtener buenos resultados y, como escribe Juan de Dios López, hay que planificarlo muy bien porque habrá momentos, personas o actividades para los que no será tan adecuado.
Al final, la clave es conocer mucho a tus alumnos, a ti mismo y combinar diferentes métodos para cada concepto o tema.
Nadie dijo que fuera fácil …
Creo que hay dos formas de verlo. Una es, teniendo el grupo de alumnos y decidiendo para ese grupo y el contexto que se establece, qué necesitas hacer y cómo. Y si va a ser más o menos fácil. Entonces estas preguntas te asaltan tras cada clase y tras cada curso, y te llevan a mejorar cada año. Otra forma de verlo es: voy a dar clases de esta manera, con estos objetivos incluyendo desarrollo social, cooperación, etc. Y voy por tanto a tomar alumnos que encajen con ello, o que les vaya realmente a ser muy útil. Para eso puede ofrecerme a dar clases en centros que tengan un perfil de alumno como el que me interesa o publicitar el curso de una manera muy clara.
Coincido con el planteamiento de esta entrada, el aprendizaje cooperativo puede convertirse en una simple etiqueta en la que tiene cabida cualquier actividad grupal, cuando realmente es un enfoque mucho más complejo que ha de tener en cuenta implicaciones como objetivos, responsabilidades, habilidades, evaluación…La difusión del término, creo que en parte se debe a la necesidad, a veces más comercial que educativa, de convertir todo en productos innovadores por miedo a no estar actualizados como docentes en nuestra metodología.
Pienso que no todo ha de pasar por el filtro de la cooperación porque el trabajo individual también ofrece importantes beneficios, es cuestión de diseñar propuestas en función de los objetivos planteados y no según el término «estrella» del momento.
Discrepo, en parte, en lo de que para trabajar en grupo, primero ha de existir el grupo, porque mediante el propio trabajo también se puede crear un grupo sin un conocimiento previo y sin contacto real, aunque la tarea resulta más difícil, pero también un reto que nos puede enriquecer y no limitarnos solo a lo ya conocido.
En resumen, no hay una metodología perfecta, de ahí su continua evolución, por lo que considero que un enfoque ecléctico, bien planificado y justificado según circunstancias concretas , sería más eficaz que abusar de una sola propuesta hasta convertirla en un cajón de sastre.
Personalmente el trabajo cooperativo es una práctica que , con él, cumplimos el principio de inclusión en las
aulas. A través del trabajo cooperativo queremos hacer partícipes del proceso de enseñanza y aprendizaje a todos
sus miembros. Pero ¿ Por qué para algunos conocimientos como áreas instrumentales existen programas de refuerzo
y apoyo para los alumnos? ¿ No se podría realizar esta tarea mejor con un equipo colaborativo?. Analizadas
las cuestiones , no todos los miembros del equipo participan por igual, eso es casi una utopía, si bien es cierto
que con ello favorecemos habilidades afectivas y lingüísticas entre su miembros. La evaluación de estas tareas
debería ir por porcentajes , un porcentaje para la actividad grupal y otro para la actividad individual, aunque
si tenemos en cuenta la funcionalidad del lenguaje el trabajo cooperativo es muy beneficioso , además,
de que con esta práctica favorecemos las distintas competencias.
Además de los aspectos que debemos considerar a la hora de plantearnos una tarea colaborativa (yo diferenciaría colaborativa de cooperativa), y en los cuales coincido plenamente con Juan de Dios en este interesante artículo, es destacable que no todo es susceptible de basarse en el aprendizaje cooperativo y por lo tanto este no es aplicable a todos los grupos, individuos, actividades o formas de evaluación. En su comentario, Luis Manuel López hace un enfoque de la manera en que para desarrollar actividades cooperativas primero se asignan las tareas y luego se forman los grupos de trabajo. Yo coincido con él y lo resumo en su frase: “Creo que para trabajar en grupo, primero ha de existir el grupo y después la necesidad de trabajar juntos.”, y lo llevo más allá considerando que más que un grupo, para que exista un trabajo cooperativo eficiente, eficaz y que cumpla con los objetivos planteados a cabalidad, debe formarse primero (antes de las tareas) un equipo, porque equipo implica una articulación integrada de sus miembros, en el cual cada uno se conoce a sí mismo y al resto de sus compañeros y pueden trabajar en perfecta sincronización. Este conocimiento de los miembros del equipo supone tiempo para que sus integrantes se conozcan, y que “las piezas de la maquinaria del equipo» estén juntas y en armonía se logra no sólo con la afectividad que menciona Luis Manuel, sino también con la confianza que se desarrolla entre ellos, factores que determinarán la visión holística del equipo, donde el todo es mayor que la suma de sus partes.
Gracias.
Lo cierto es que todas las cuestiones que plantea Juan de Dios merecen ser tenidas en cuenta. A veces pretendemos que sean colaborativos trabajos que se realizarían mejor de manera individual y que luego ese producto surgido va a ser aplicado por alguien individualmente, a lo mejor. El trabajo cooperativo debe existir, pero creo que antes, tiene que existir el grupo que lo ha de realizar. En un aula es cierto que ya existen unas relaciones interpersonales que facilitan la constitución de los grupos de trabajo. El docente también está familiarizado con sus alumnos y puede ayudar a hacer los agrupamientos. Lo que yo no veo tan claro es los agrupamientos en asignaturas online, puesto que los grupos se forman después de la presentación de las tareas. Sin conocerse sus miembros de antemano, con una visión muy parcial unos de otros. Pero parece ser que en los cursos online hay una gran preferencia por este tipo de trabajo. Supongo que será para sustituir la interrelación que se da en el aula. Pero por mucho que haya colaboración, no hay una relación real y directa entre las personas que componen los grupos. Creo que para trabajar en grupo, primero ha de existir el grupo y después la necesidad de trabajar juntos. En los cursos online, la necesidad viene impuesta por lo que marque el profesor de la asignatura, así que el grupo se crea luego, a marchas forzadas. A mi me gusta trabajar en grupo cuando primero he tenido un contacto real y directo con la gente. Si luego hay que trabajar a distancia ya puedo hacerlo. Primero conocer, relacionarse, convivir en cierta manera. Después trabajar en grupo. Creo que la afectividad es lo que mejor hace funcionar un grupo. Lo demás me parece una manera de «cubrir el expediente».
Me parecen muy interesantes los puntos que se plantean en esta entrada, y en cierto modo me recuerdan a lo debatido en el tema anterior respecto a la «tecnofilia»: parece que en los últimos tiempos hay una tendencia muy fuerte a potenciar el trabajo en grupos, y esto conlleva el riesgo de que algunos docentes, sin los conocimientos requeridos, abusen de él o lo planteen sin justificación ni objetivos. De este modo, al igual que se han demostrado los beneficios del trabajo cooperativo, se plantea como fundamental que los docentes conozcan lo que este es y entraña y dedique tiempo a pensar en el planteamiento de las actividades grupales así como a la formación de los grupos.
Me parece muy interesante el texto e idonéas los puntos a tener en cuenta para que un trabajo cooperativo funcione.
Últimamente se ha creado una tendencia a organizar grupos y trabajos cooperativos casi sin tener en cuenta al tipo de alumnado al que van dirigidos.
En mi opinión hay que tener en cuenta a quién va dirigida la actividad, es decir,lo primero es comprobar que hay una predisposición de los alumnos a realiza reste tipo de trabajo, para garantizar el éxito de la actividad.
Me parece muy interesante el texto e idonéas los puntos a tener en cuenta para que un trabajo cooperativo funcione.
Últimamente se ha creado una tendencia a organizar grupos y trabajos cooperativos casi sin tener en cuenta al tipo de alumnado al que van dirigidos.
En mi opinión hay que tener en cuenta a quién va dirigida la actividad, es decir,lo primero es comprobar que hay una predisposición de los alumnos a realizar este tipo de trabajo, para garantizar el éxito de la actividad.
Me ha pasado lo mismo que a ti, Marta. Estaba leyendo el artículo y pensando en que ocurre lo mismo con la tecnología: nos dicen que es buena y que puede mejorar el aprendizaje, así que tendemos a usarla por usarla, sin reflexionar en el porqué ni en el cómo ni cuándo.
En mi opinión, trabajar con grupos cooperativos conlleva un esfuerzo mayor por parte del docente, por lo que no deberíamos involucrarnos en este tipo de enseñanza si no estamos dispuestos a realizar dicho esfuerzo. Además, como muchos de mis compañeros aquí, pienso que el hecho de que el trabajo cooperativo sea eficaz y beneficioso no significa que otros tipos de organización en el aula sean malos (el trabajo individual me parece muy importante también, por ejemplo).
Completamente de acuerdo contigo, Luis Manuel: yo también opino que es necesario un conocimiento mutuo de los miembros de la clase antes de seleccionar a los miembros de un grupo, por lo que no considero que sea la mejor práctica para un curso online. A pesar de que es posible la interrelación entre los estudiantes a través de plataformas sociales, foros, etc., las relaciones que se establecen en un entorno físico son difícilmente sustituibles, sobre todo en cursos cortos de unas pocas semanas. No niego, sin embargo (y creo que ahí estamos todos de acuerdo) el valor intrínseco de las actividades colaborativas, que debidamente aplicadas por el docente pueden mejorar mucho la motivación de los estudiantes y favorecer el proceso de aprendizaje.
Creo que el artículo plantea unos puntos muy importantes que, de hecho, podrían emplearse como base para nuestra propia evaluación de los proyectos colaborativos que implementamos en el aula.
Estoy completamente de acuerdo en que el concepto de aprendizaje colaborativo se ha convertido en una especie de mantra que se repite continuamente y que parece que fuera la solución para todo.
De forma general, creo que es importante ofrecer al alumnado actividades con diversidad de agrupaciones (individual, pareja, grupo pequeño, gran grupo…). Y no solo para no ser reiterativos, sino también para atender a los diferentes estilos y preferencias de aprendizaje. A mi modo de ver, dar espacio al trabajo individual es fundamental y, en general, mis alumnos lo suelen reclamar. El proceso de aprendizaje de una lengua extranjera es muy personal, cada alumno es único en sus modos de ir adquiriendo nociones y habilidades. Los momentos de trabajo silencioso y solitario me parecen muy importantes. Creo por supuesto también, que las actividades colaborativas bien diseñadas son también esenciales.
Por otra parte, quiero destacar el tema de la evaluación que menciona el artículo y que me parece una de las cuestiones que en los enfoques colaborativos está aún por resolver.
Hola, Luis Manuel. Tengo que decir que no estoy del todo de acuerdo en cuanto a la «innaturalidad» o forzamiento del trabajo cooperativo en los cursos online. Es cierto que es mucho más difícil formar grupos basados en las relaciones interpersonales en un curso online. Pero según mi experiencia personal, una vez que empiezas a trabajar de forma cooperativa con un grupo, los lazos emocionales surgen también en los curso online. Y estos lazos han ayudado a mi aprendizaje personal de varias maneras. Primero, porque no me he sentido aislado. He realizado otros cursos online con un enfoque individualista, y la verdad es que siempre me he sentido bastante aislado y solo. Y así es difícil mantener la motivación. Sin embargo, una de las grandes diferencias que noto en el curso que estamos realizando en el CIESE-Comillas es que no me siento tan aislado, debido a que se nos exige interacción constante con otros compañeros, especialmente en los trabajos grupales al final de cada módulo. En segundo lugar, cuando me he sentido decaído hasta el punto de que me ha llegado a costar seguir con el curso (sobre todo porque he pasado por ciertos problemas de salud últimamente), mis compañeros de grupo me han animado. Y en tercer lugar, porque he aprendido cosas de mis compañeros, en la materia del curso, que yo solo no hubiera aprendido o no me hubiera dado cuenta (ellos aportan distintas experiencias, distintos enfoques… que yo no tengo). El trabajo cooperativo, bien hecho, es sinergia. Y la sinergia implica obtener más de lo que podrías obtener por ti solo. He ahí la gran ventaja. Así lo veo yo…
No me entiendas mal, yo también he encontrado muy estresantes las semanas de los trabajos grupales, porque es muy difícil ponerse de acuerdo cuando cada uno estamos en un lugar del mundo, con vidas muy diferentes. Pero, al final, me doy cuenta de que compensa.
Hola Rubén,
pues mira, cuando iba leyendo tu comentario pensaba lo mismo…
para mi estas semanas han sido algo estresantes( por el nivel de exigencia a nivel de sinergia con los compañeros) y si es cierto que me han complementado el aprendizaje a mi me cuesta forzar la sinergia, ojalá pudiéramos conocer mejor nuestra manera de trabajar. Cuando trabajas con personas es difícil de un solo zarpazo congeniar lo suficiente como para elaborar actividades. Pero he de decir que por exigencias del guión así debe ser.
pero sopesando pros y contras te ayuda a no estar tan solo en el caminar del curso.