Hoy tenemos como autora invitada en nuestro blog a la profesora Reyes Llopis, de la Universidad de Columbia en Nueva York. Reyes nos va a dar siete pistas para descubrir si ya aplicamos, quizá sin saberlo, la Gramática Cognitiva en nuestra forma de enseñar español.


Aunque la Gramática Cognitiva proviene de un campo altamente teórico e idealmente requiere de una formación en Lingüística y Adquisición de Lenguas para el manejo de sus fundamentos, en realidad muchos profesores de ELE ya la estamos aplicando en nuestras clases… ¡y quizá ni lo sabíamos!

Te propongo aquí siete ideas para que decidas si ya eres cognitivista:

  1. Eres un “profesor Pictionary”. Dibujas conceptos en la pizarra, en el proyector, en la smartboard, en las tareas que te entregan los estudiantes… Usas colores, formas geométricas y animaciones en tus materiales y Power Points para explicar lo que crees que son las representaciones mentales de las formas lingüísticas.
  2. El espacio físico es tu aliado. Te desplazas por la clase , pones puntos de referencia físicos, señalas, levantas, doblas y manejas objetos ¡y alumnos! en tu aula cuando quieres explicar y ejemplificar un concepto. Encuentras que usar el espacio como punto de partida cuando explicas la diferencia entre ir/venir, llevar/traer os ayuda a ti y a tus estudiantes.
  3. Las metáforas no son sólo de literatura. La comunicación de ideas abstractas por medio de conceptos basados en la experiencia física y cotidiana de los hablantes te parece un indispensable recurso pedagógico. Te ayudan a explicar construcciones léxicas como ser la mano derecha de alguien e incluso gramaticales cuando te preguntan por la diferencia entre comeré y voy a comer.
  4. La sinonimia te parece sospechosa. Dedicas tiempo a pensar en la diferencia entre evitar e impedir y te parece que, cuando trabajas el discurso referido en clase, no es exactamente lo mismo decir dijo que vendría que dijo que venía, pero que ambas son perfectamente posibles y quizás el manual, que presenta una como normativa y la otra como excepción o posibilidad que “a veces también aparece”, lo tiene menos claro que tú.
  5. “Depende de qué quieres decir” es tu frase más frecuente. Crees que detrás de cada mensaje hay una intención comunicativa del hablante, un objetivo de transmitir una perspectiva y un punto de vista personal que sólo podrá conseguirse con una selección específica de palabras y no otra. Lo hice por ti y lo hice para ti, por tanto, tendrán interpretaciones diferentes y “contarán” una historia diferente.
  6. Las preposiciones te quitan el sueño. Crees firmemente que debe haber una manera más operativa de enseñar las preposiciones que no implique listas de nociones (para expresar causa/finalidad, lugar, tiempo aproximado/periodicidad, etc.) que se solapan en distintas preposiciones. La idea de encontrar algún prototipo que te permita explicar la mayor cantidad de usos te haría inmensamente feliz, e incluso ya tienes algún “dibujito” con el que explicas a, de o en, por ejemplo.
  7. Te centras en lo que te une y no en lo que te separa. Si conoces la lengua materna de tus alumnos, has hecho reflexiones lingüísticas que te hacen ver que las lenguas son más similares de lo que a simple vista parecen. Usas mucho la comparación lingüística en tus explicaciones de gramática, pero no para traducir, sino para hacer ver a tus alumnos que su lengua materna conceptualiza la gramática con las mismas ideas… pero las codifica lingüísticamente de manera diferente. Preguntas del estilo de: ¿Sabíais que el inglés tiene los mismos principios de subjuntivo que el español? o ¿Sabéis que el español usa también casos gramaticales, igual que el alemán? se pueden oír a menudo en tus clases.

Reyes Llopis

 


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