En el siglo XVI Sevilla era la ciudad más importante de Europa. El mejor Renacimiento renacentista se fundió con el mudéjar en una armonía de estilos única en el mundo. Uno de los mejores ejemplos es el Palacio de Lebrija.

Destaca su patio mudéjar y su impresionante colección de mosaicos romanos de los siglos I y II, gracias a la aportación de la Condesa de Lebrija, que pavimentan toda la planta baja.

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