Alguien se podrá preguntar ¿miedo por qué? Pues casi siempre, miedo a vernos reconocidos en la imagen de aquel profesor que nos devolvía los exámenes con una nota rodeada con un círculo y con el que no teníamos derecho a réplica.

Todos preferimos ser el profesor colega , pero al mismo tiempo las instituciones para las que trabajamos demandan cada vez más que desarrollemos nuestra faceta evaluadora y que incluyamos pruebas periódicas que nos permitan tener datos tangibles del progreso de estudiantes. ¡Como si fuera fácil!

Lo que sí que está claro es que la evaluación es un concepto estigmatizado por la asociación con el control y la calificación certificativa, y la mayoría de las veces pasamos por alto sus innegables posibilidades pedagógicas.

Aunque no podemos perder de vista las herramientas de autoevaluación y la evaluación formativa que todos hacemos consciente o inconscientemente, de lo que se trata ahora es de encontrar las características que deben tener estas pruebas que se nos piden para que se conviertan en una herramienta fiable, pero sobre todo cómoda y adecuada a nuestra realidad.

Aquí os proponemos características que debe tener una buena prueba de nivel:

Transparente. Los alumnos conocen esos procedimientos desde el principio e incluso tiene a su disposición modelos a los que acceder y consultar. El ocultismo en torno a la prueba y al procedimiento hace aumentar la presión sobre nuestros estudiantes que continuarán viendo la evaluación en su faceta más punitiva.

Coherente. No tiene sentido que evaluemos con un modelo estructuralista contenidos que hemos presentado de forma más atenta al significado. Es mucho más lógico que les pidamos un producto y observemos el alcance de objetivos .

Selectiva y precisa. Es imposible abarcar todos los contenidos que desarrollamos en clase, la riqueza de nuestros planteamientos debe traducirse en concreción de lo evaluado. No parece descabellado dosificar las habilidades que evaluamos en cada prueba, ganaremos en precisión y seguro que nuestros estudiantes agradecerán la posibilidad de centrar sus esfuerzos en alguna de las destrezas.

Holística. Deberíamos intentar observar todas las habilidades lingüísticas que trabajamos en clase, pero también encontrar un reflejo del estudiante como agente social. De esta forma será algo más personal y contribuiremos a normalizarla . Deberíamos también estar más atentos a lo que nuestros estudiantes saben realizar que a buscar lo que no saben o no pueden hacer.

Flexible. Puedo manipularla y adaptarla al desarrollo y evolución de mi curso y puedo también adaptarla a las características de un grupo en concreto. Necesitamos economizar en esfuerzo y buscar la rentabilidad, igual que hacemos con otros materiales de clase.

Concluyente. Me ayuda en la toma de decisiones y al mismo tiempo me da elementos de juicio que justifican las medidas posteriores. En este sentido, es innegable el justo valor de registro y de prueba que debería tener.

Auténtica. Responde a modelos reales de comunicación, el formato que elijo debe ser cercano al estudiante y con un esquema que se ha trabajado en clase previamente, esto nos ayudará a no perder de vista el progreso del estudiante ya que podremos comparar con las actuaciones previas en clase.

¿Estás de acuerdo con estas características? ¿Se te ocurre alguna más?

Créditos de la imagen de este artículo: woodleywonderworks

Juan de Dios López Rael

Profesor de español y formador de profesores , CLIC IH Sevilla

Licenciado en Filología Hispánica y Máster de ELE por la universidad Pablo de Olavide. Formador de profesores y tutor en línea de los cursos de formacionele.com.

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