Mi experiencia en el campo de la docencia del español como lengua segunda o extranjera me ha demostrado que la enseñanza de la pronunciación suele estar relegada a un segundo plano o simplemente no aparece de manera explícita.

Desde que empezara como profesor de español en 1988 de una manera más intuitiva que cualificada, hasta que me convirtiera en director académico de un centro de idiomas, con la necesidad de observar y formar a profesores, he tenido la oportunidad de comprobar que continúa instalada una cierta  primacía del componente gramatical y léxico en la propuesta de actividades que se suelen llevar al aula y, por otro lado, una falta de preocupación generalizada por el componente prosódico.

Si acudimos al Diccionario de términos clave de ELE (DTCE) encontraremos dos perspectivas distintas acerca de qué significa pronunciación:

  • una de ellas está referida a la correcta articulación de los sonidos, es decir, a la fonética como disciplina académica, a la que tanto temen los profesores.
  • la otra perspectiva, mucho más general, incluye la entonación, la acentuación y los sonidos.

Es a esta segunda acepción a la que me refiero, ya que es imposible reconocer o producir correctamente los sonidos si no están integrados en una determinada secuencia fónica y en un contexto particular comunicativo.

Bien es cierto, que en la historia de la metodología y de los diferentes enfoques la atención que se le ha prestado al componente prosódico ha ido variando y que el enfoque por tareas está ayudando mucho a centrar cada vez más la atención del docente sobre la comunicación efectiva y la negociación del significado, producto de la necesidad de interactuar de manera natural en el aula.

En cuanto a  los manuales especializados en la enseñanza de español, suelen carecer, salvo honrosas excepciones, de una propuesta de actividades encaminadas a la enseñanza explícita de la pronunciación. Tan solo la primera lección para  nivel A1 donde aparece la recurrente necesidad de enseñar el abecedario y de deletrear los nombres, se dedica un cierto tiempo a la correcta articulación de los sonidos en español.
Por último, los cursos de formación de profesores, suelen dedicar algún capítulo a la pronunciación, pero quizás más enfocado a la corrección fonética de los posibles errores de los alumnos que a la enseñanza propiamente del componente prosódico.

Con este panorama desolador, se hace necesaria una revisión del actual estado de la cuestión que nos ayude a  complementar y mejorar el diseño de las actividades de aprendizaje que se llevan al aula pero respetando los estilos docentes para vencer las temidas resistencias al cambio del profesorado y, como no, de los propios alumnos.

¿Cuál es tu experiencia de aula en este aspecto? ¿incorporas en tus clases la enseñanza de la pronunciación como un elemento habitual?

Créditos de la image del artículo.

Antonio Orta

Responsable del departamento de español de Clic International House Sevilla

Antonio Orta es director del departamento de formación de profesores de Clic International House Sevilla. Licenciado en Filología Hispánica y Doctor en Lenguas Modernas y Español como Lengua Extranjera. Profesor colaborador en programas de posgrado de las universidades Pablo Olavide, Valencia y Barcelona. Coautor de Soy profesor/a. Aprender a enseñar de la editorial Edelsa y de La formación del profesorado de español: innovación y reto de la editorial Difusión.

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