Ya lo adelantó Shlomo Sharan:

El concepto de aprendizaje cooperativo se ha convertido en un término genérico que esconde tanto como enseña, debido a que frecuentemente significa cosas muy diferentes para personas también diferentes. 

El término aprendizaje cooperativo es uno de esos términos que debido a su uso y abuso corre el riesgo de convertirse en un concepto vacío, ese contenedor que todos tenemos en clase pero que no sabemos muy bien lo que contiene y en el que metemos todo lo que implique grupo. Os proponemos siete preguntas que deberíamos plantearnos cuando decidimos plantear una tarea colaborativa. Seguro que nos hacen mirar y reflexionar sobre lo que hay o debería haber en ese gran cajón.

1. ¿Es necesaria la implicación de todos en la tarea y hay un buen reparto de responsabilidades? Siempre deberíamos plantearnos si favorecemos con nuestro diseño de tareas la aparición de una interdependencia positiva, que haga absolutamente necesarias sus aportaciones. Tan importante es que participen como que lo que aporten sea responsable en parte de la consecución del objetivo final.

2. ¿Necesito de la interacción o podrían ser más efectivos de forma individual? En ocasiones plantemos como grupales actividades que ni se diseñaron ni están pensadas para ser realizadas en colaboración, no todo vale ni todo funciona para el trabajo colaborativo. No basta con “esta actividad la hacemos en grupo” si no tenemos una justificación razonable.

3. ¿El grupo es heterogéneo y tiene el número de miembros adecuado para la tarea? Los grupos deben estar equilibrados en cuanto a capacidades y habilidades, pero también debemos intentar que haya variedad y representatividad de la “sociología” de nuestras aulas. El tamaño también importa, deberíamos decidir el número del grupo en función de la tarea. Como sabréis, a veces tres es multitud.

4. ¿El producto obtenido es más elaborado y rico del que podrían hacer en autonomía? Deberíamos plantearnos siempre qué perdemos y qué ganamos al plantear una tarea como colaborativa. Es más, habría que observar siempre los pros y los contras de planteamientos colaborativos con un grupo y en unas circunstancias concretas. El afán por incluir elementos cooperativos nos puede hacer perder de vista que para determinadas actividades los individuos a veces se las arreglan mejor solos.

5. ¿Tienen libertad para desarrollar su creatividad individual? El grupo y su complejidad de gestión pueden disminuir la motivación , así mismo la suma de todos los intereses puede ir en detrimento de la calidad del proyecto. Lo grupal no debería ser un yugo para lo individual, las tareas tiene que ser abiertas en cuanto a resultados como grupo pero también en cuanto a las expectativas y objetivos personales.

6. ¿Favorezco que se desarrollen tanto las habilidades lingüísticas como las sociales y afectivas? El trabajo en equipo permite medirse como agente social y desarrollar o potenciar habilidades que están ocultas o que desarrollamos de forma diferente en la lengua y cultura meta. En ocasiones ese currículo oculto de nuestras clases es más importante que todo lo demás.

7. ¿La evaluación de la tarea y del trabajo también se hace de forma grupal? ¿Por qué no? La colaboración se extiende también hacia la evaluación de los resultados, con ella valoran el producto pero también el proceso , se analiza la gestión de los roles desempeñados y la implicación en el trabajo. Pero aún hay más ¿estamos nosotros y nuestros estudiantes listos para la evaluación y difusión de esas tareas fuera del aula? ¿estamos dispuestos a extender esa colaboración a diferentes clases o en las redes sociales?

¿Qué pensáis? ¿Tenemos todos lo mismo en el cajón?

Créditos de la imagen de este artículo: woodleywonderworks

Juan de Dios López Rael

Profesor de español y formador de profesores , CLIC IH Sevilla

Licenciado en Filología Hispánica y Máster de ELE por la universidad Pablo de Olavide. Formador de profesores y tutor en línea de los cursos de formacionele.com.

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