Hoy le toca el turno a la N de asignar, por parte del profesor, y asumir, por parte de los alumnos, nuevos roles en el proceso de aprendizaje y enseñanza. Para que este cambio sea verdaderamente operativo no debe limitarse a un simple “trasvase” de funciones sino que se hace necesaria una profunda revisión acerca de nuestra planificación diaria y nuestra forma de gestionar la clase.

El profesor inexperto suele estar más pendiente de su propia actuación didáctica para no perder el hilo de la secuencia de la clase planeada. En esta fase inicial de la vida docente el miedo que subyace suele estar en la falta de control de lo que pueda ocurrir al otro lado de la “trinchera”. Este término bélico hace relación a todo aquello con lo que hay que “luchar” para conseguir tener el éxito deseado: los recursos didácticos y los propios alumnos. Así, algo tan frecuente con la naturaleza de la praxis docente como el malfuncionamiento de la pizarra interactiva o del audio que llevamos preparado, o bien las preguntas inesperadas y no preparadas previamente que nos hacen los alumnos se ve como una agresión externa que puede llegar a minar nuestra confianza.

Por su parte, el profesor experimentado, pone el foco de atención en sus alumnos, en lo que demandan y necesitan en cada momento, para poder reconducir la clase y conciliar los objetivos curriculares con su contexto particular docente. Es capaz de tomar decisiones e improvisar a medida que lo demanda la situación. Para ello, se basa en su propia experiencia, en lo que suele darle mejor resultado. Es como si tuviera un botiquín de urgencia con pomadas y gasas que curan las heridas propias de cualquier acto heroico de aprendizaje. Y digo acto heroico porque así contemplo a los alumnos que sentamos en el aula, con un plan de clase que desconocen, a los que invitamos continuamente a cometer errores mencionándoles que son positivos y proponiéndoles participar en actividades que, en muchos casos, no comparten, no asimilan o simplemente no desean hacer.

En ambos casos, siempre es el profesor el encargado de planear, gestionar y evaluar. Los alumnos, en el mejor de los casos, se limitan a responder o preguntar. Os propongo un listado de algunas de las tareas que suelen hacer los profesores antes, durante y después de una clase. Puede llegar a parecernos exagerado y es que, verdaderamente lo es. ¿Qué pasaría si compartiéramos nuestros papeles tradicionales con los alumnos? Esa reflexión te toca hacerla a ti mismo. Te pongo un ejemplo.

Te animo a ser menos protagonista en la clase para que tus alumnos te/se puedan sorprender 🙂

Antonio Orta

Responsable del departamento de español de Clic International House Sevilla

Antonio Orta es director del departamento de formación de profesores de Clic International House Sevilla. Licenciado en Filología Hispánica y Doctor en Lenguas Modernas y Español como Lengua Extranjera. Profesor colaborador en programas de posgrado de las universidades Pablo Olavide, Valencia y Barcelona. Coautor de Soy profesor/a. Aprender a enseñar de la editorial Edelsa y de La formación del profesorado de español: innovación y reto de la editorial Difusión.

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